ILUSTRACIÓN REALIZADA POR CARMELO RODRÍGUEZ LEMES
En la mirada hacia atrás, en las preguntas acerca de lo perdido, de lo vivido y de aquello que nos han llevado a ser lo que somos, a menudo nos preguntamos por los elementos con los que aprendíamos, con frecuencia nos acordamos del juego y nos cuestinamos la forma en la que retornan a nuestro presente.
Tendemos a recrear las acciones que hemos vivido anteriormente. Recurrimos a una memoria extraviada por el fluir continuo del tiempo, un tiempo de cambios súbitos. Nos alimentamos constantemente de sorpresas.
Aquellas escenificaciones, actores, simulacros, aparecen como telón de fondo, como partes emotivas de nuestra existencia.
Esta instalación no es tal, es sólo una excusa para propiciar un juego entre cuatro como si de una excavación se tratase. Sacamos a relucir nuestros pequeños cachivaches de bolsillo, convirtiéndonos en coleccionistas de espacios y de memorias.
El hecho artístico resulta ser la mejor excusa para propiciar un diálogo. Sólo entrando en el proceso es posible experimentarlo. No se trata pues de producir un objeto bonito que evoque bellos sentimientos, sino que son sistemas de significados que enfatizan la necesidad de una nueva definición para la represtación, ya que ésta deja de ser mero espejo del mundo.
“En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta”.
Pablo Neruda
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